Miedo al dentista

¿Miedo a ir al dentista?

Joven morena en el sillón dental que mira a la cámara

Muchas personas sufren un miedo intenso al dentista. En algunos casos ese miedo llega tan lejos que ni siquiera acuden a las revisiones preventivas. Aunque hoy una visita al dentista ya no tiene por qué doler, y aunque muchos odontólogos como el Prof. Dr. Manfred Bender tratan con mucha sensibilidad a sus pacientes con miedo, en esos casos ni siquiera tienen la ocasión de quitarles el temor. Se inicia un círculo vicioso: cuanto más se aplaza la visita, mayores son la mala conciencia, la vergüenza y el miedo a que el dentista «encuentre algo» que obligue a un tratamiento desagradable. Nos tomamos en serio a los pacientes con miedo al dentista y, en colaboración con el naturópata Benedikt van Almsick, ofrecemos un servicio nuevo: en el teléfono (0221) 46 78 01 47 puede hablar los lunes, miércoles y viernes de 09:00 a 10:00 con este naturópata, que buscará junto con usted una manera de perder el miedo a la consulta. Si hace falta, además de las conversaciones previas se realizan tratamientos del miedo con hipnosis para prepararle para el primer contacto con el Prof. Dr. Manfred Bender.

Tratamiento sin miedo

Utilizamos exclusivamente la técnica de tratamiento más moderna y, gracias a nuestra especialización en pacientes con miedo, podemos garantizar un tratamiento dental completamente libre de estrés y de dolor. Le asesoramos sin prisas y le acompañamos paso a paso a lo largo del tratamiento indoloro. Nos tomamos tiempo para sus preocupaciones, sus preguntas y sus miedos. Según las estadísticas, alrededor de tres cuartas partes de los pacientes sienten miedo ante la visita al dentista. La culpa la tienen a menudo recuerdos negativos, casi siempre muy dolorosos, de tratamientos de otra época. Esos recuerdos suelen venir de la infancia, lo que no significa que estén distorsionados; aun así, no son motivo para seguir temiendo la consulta. Por un lado, los métodos de tratamiento han cambiado mucho en las últimas décadas y, por suerte, han mejorado en muchos aspectos desde el punto de vista del paciente. Por los avances de la psicología se sabe además que pequeñas inseguridades pueden convertirse en auténticas fobias si no se manejan de forma adecuada. El odontólogo de hoy, como cualquiera que trabaje tratando y acompañando a personas, tiene que ser hábil en el trato con sus pacientes. En las consultas modernas se da mucha importancia a la información, porque el miedo al tratamiento reside también en la incertidumbre sobre lo que a uno le espera en el sillón. Sobre todo a los niños, que llegan ya con un nudo en el estómago, hay que explicarles qué va a pasar exactamente, qué función tiene cada instrumento y cuál es el motivo del tratamiento. La mayoría de los niños aceptan la eliminación hoy indolora de la caries cuando se les explica qué es la caries y lo dolorosa que puede llegar a ser.

Tratamiento indoloro mediante sedación y anestesia

Para algunos tratamientos e intervenciones tiene sentido trabajar con anestésicos. Las posibilidades van desde una sedación ligera, comparable en principio con un breve sueño profundo, hasta la anestesia general en intervenciones largas o una anestesia corta en intervenciones con un periodo de dolor previsiblemente breve. Todas ellas son comparables a una fase de sueño profundo. El procedimiento suele ser parecido: el paciente llega a la consulta y se le administra una inyección que, salvo por un pinchazo breve, es indolora. Durante la fase de sueño profundo que sigue se realiza el tratamiento. El paciente despierta al terminar y, tras un corto periodo de recuperación en la consulta, puede volver a casa. Durante el tratamiento no siente dolor y no percibe nada de la intervención. Esta posibilidad se emplea sobre todo en intervenciones quirúrgicas, por ejemplo con implantes.

Pida una cita de asesoramiento

La mayor parte del miedo a la visita al dentista procede de la incertidumbre sobre cómo transcurrirá el tratamiento. Para quitarle esa sensación le ofrecemos consultas de asesoramiento en las que puede plantear todas las preguntas que le preocupan. Puede informarse del desarrollo exacto de una intervención, y comprobará que eso alivia buena parte de su miedo. Si usted es de esos pacientes a quienes solo pensar en la próxima visita les provoca una sensación muy desagradable, miedo y sudor en las manos, está en buena compañía: alrededor del 75 por ciento de las personas sufre fobia al dentista. Se puede actuar contra ella si se sabe de dónde procede realmente el fenómeno.

¿Qué causa el miedo al dentista?

Como cabe suponer, las malas experiencias dolorosas son la causa principal de esta fobia, algo que se ha evaluado con precisión en estudios amplios. Lo que suena tan evidente no lo es en realidad, porque existen también miedos difusos y sin fundamento, como el miedo a la oscuridad. Durante mucho tiempo se clasificó ahí el miedo al dentista, hasta que se descubrió que los afectados —tres cuartas partes de las personas— habían sufrido efectivamente al menos una vez en la vida dolores considerables en el dentista, casi siempre de niños. Por eso en nuestra consulta prestamos una atención muy alta al miedo al dentista. Naturalmente, el dolor en el sillón no puede evitarse por completo, pero para usted solo debería contar el dolor que tenga que vivir. Y eso podemos suprimirlo empleando varios métodos contra el dolor.

Enfoques holísticos contra el dolor

Podemos liberarle del dolor con distintos métodos. Una variante sería sedarle brevemente con una combinación de sedante y analgésico. El fármaco se administra por vía intravenosa y, durante todo el tratamiento, vigilamos por supuesto a nuestros pacientes de forma completa y detallada. Usted no percibe nada durante el tratamiento y después está incluso mucho más relajado que sin esa anestesia corta. En tratamientos con citas más frecuentes, por ejemplo durante un saneamiento dental, también puede elegir la anestesia general. La recomendamos en todo caso para intervenciones mayores en el maxilar y también para los tratamientos implantológicos. Nuestros pacientes con fobia al dentista agradecen habitualmente esta opción. La tercera posibilidad es el tratamiento bajo sedación: administramos un sedante que permite un sueño profundo controlable.

Tratamientos mínimamente invasivos

Son otro enfoque contra el miedo a sufrir dolor en el dentista. Se emplean instrumentos muy pequeños —microscopio, gafas lupa, aparatos de tratamiento muy pequeños—, de modo que la presión física resulta bastante menor. El procedimiento quirúrgico se conoce desde hace tiempo por las intervenciones en estómago o intestino; se llama piezocirugía y permite tratar en un espacio muy reducido, lo que minimiza necesariamente las zonas afectadas. Además, la perspectiva de una intervención mínimamente invasiva reduce el miedo y el estrés ya antes de la cita. Como paciente puede así afrontarla con bastante calma.

Reducir el miedo fuera del tratamiento

Es posible reducir eficazmente la fobia al dentista fuera del sillón. Para ello ofrecemos a todos los pacientes con miedo, y sobre todo a los niños, consultas de un tipo especial: en ellas el centro no son las propuestas de tratamiento, sino los miedos. Usted cuenta vivencias anteriores y las experiencias que se derivan de ellas, o también temores abstractos —esto afecta sobre todo a niños sin experiencias negativas previas—, y nosotros le ofrecemos estrategias psicológicas para superar los miedos dirigidos al sillón, a los ruidos, a los olores y a los instrumentos. Nuestro personal se toma mucho tiempo para ello; usted o su hijo se enfrentan al miedo en un entorno relajado. Solo conocer los términos técnicos, los instrumentos y su función, los procesos y los procedimientos necesarios reduce notablemente la fobia. Acuda a una consulta así junto con su hijo para allanarle el camino hacia una vida dental sin miedo.

La fobia al dentista

La fobia al dentista, o el miedo general a la consulta, es un fenómeno muy extendido que en el mundo profesional todavía se subestima. Y sin embargo, desde la psicología profunda no resulta nada sorprendente que las personas teman con tanta frecuencia la visita al dentista. Si se tiene en cuenta que también el ser humano es un ser vivo que muerde y mastica su alimento con los dientes para obtener después de él energía vital para sí y para su cuerpo, se entiende enseguida que tener dientes sanos es vital. Ir entonces con esos dientes a un dentista que va a manipular esos órganos esenciales significa, de entrada, plantearse si uno quiere confiar esas valiosas herramientas de la naturaleza a una persona desconocida. Que además haya que soportar de forma relativamente incontrolada cómo esa persona desconocida se acerca a los propios dientes, sin poder siquiera verlo todo, aumenta comprensiblemente el miedo. Puede que en la primera infancia o en la juventud ya se haya vivido un tratamiento doloroso, con lo que ese miedo se refuerza. Por ese miedo quizá se deje de acudir durante años a la revisión, o se descuide incluso la importante higiene diaria. Como consecuencia se va formando una sensación de fondo cada vez peor y aparecen daños dentales de forma involuntaria e innecesaria. Puede también que comentarios poco afortunados de los padres —que en la infancia amenazaban con el dentista cuando uno se portaba mal— hayan dejado otro trauma. Es igualmente posible que en otros tiempos un dentista fuera muy brusco y tosco, y que uno arrastre desde entonces esa experiencia de dolor, quiera evitarla y por eso dé un gran rodeo alrededor de la consulta. Ninguno de estos factores debe subestimarse, y hay que encontrar caminos para motivar y convencer a todas esas personas inseguras de que comprendan la importancia de superar el miedo y, si es necesario, de buscar ayuda. Si el dentista logra convencer y tranquilizar al paciente temeroso con una aproximación suave, se ha ganado mucho. La atmósfera adecuada, la ausencia de los típicos olores médicos disuasorios del pasado y una aproximación humana y sensible al paciente tienen aquí una importancia enorme. La odontología moderna puede mostrar soluciones magníficas para ayudar a superar ese miedo. Una confianza positiva ganada así en el arte odontológico, pero también en el trato humano de un equipo, puede resultar muy útil y ayudar a desplazar el miedo cada vez más. A algunos pacientes les basta con que se transmita una calma razonable durante el tratamiento. A otros puede hacerles falta reducir primero los miedos antiguos mediante hipnosis. Otros preferirán el camino de una sedación suave, y otros necesitarán además la sensación de una anestesia indolora, que depende también mucho de la delicadeza del odontólogo.

Hoy el dolor ya no tiene por qué aparecer en un tratamiento odontológico, porque existen caminos y métodos suficientes para realizarlo de forma muy agradable y suave para el paciente.

También es posible transmitir alegría y expectación ante el resultado que se busca, mediante una información sensible y la fijación de un objetivo para el tratamiento. Ayudan medios visuales como las fotografías intraorales del estado actual y la posterior visualización de las posibilidades de mejora. El deseo de tener unos dientes bonitos y sanos puede convertirse en la fuerza que impulse a superar el miedo, porque uno tiene a la vista una meta que merece la pena y que le hace ver el valor y la utilidad de la terapia que va a emprender. En cada paso parcial, una experiencia positiva del paciente irá reduciendo el miedo de forma constante. Esos pasos hacia una situación dental estable y mejorada transforman al antiguo paciente temeroso en un visitante fiel y convencido, porque reconoce la ventaja que supone para su futuro en salud bucal y en calidad de vida.

¿Y cómo se llega a quienes, de puro miedo, no encuentran el camino a la consulta?

La solución está en abordar ese miedo con inteligencia, de modo que al paciente se le muestre la solución a su problema y se le indiquen caminos para perderlo. Ayuda mucho crear un polo intermedio al que ese paciente pueda dirigirse con confianza sin tener que ponerse directamente en contacto con el dentista. La eliminación del miedo puede llevarla a cabo un naturópata experimentado que, por ejemplo mediante hipnosis, acupuntura, terapia conversacional y psicología, puede allanar con éxito el camino hacia el dentista.

¿Preguntas sobre su tratamiento?

Cada boca es distinta. Llámenos — en una consulta aclaramos qué tiene sentido en su caso.