
Uno de los problemas bucales más típicos con los que se encuentra cualquiera es la llaga, a menudo llamada afta. Son bien visibles y pueden repartirse por toda la boca. Empiezan como úlceras blancas o amarillentas y, al crecer, se forma un borde rojo a su alrededor. Son úlceras diminutas y planas, normalmente de 0,5 a 1 mm de diámetro. Pueden aparecer en cualquier persona y en cualquier momento, sin importar la edad: incluso en niños de dos años, aunque suelen aparecer en la pubertad.
Aunque pueden doler, muchas personas no se preocupan más allá de la molestia. Los dentistas u otros profesionales las descubren con frecuencia en una revisión rutinaria. Curan solas y suelen desaparecer en una o dos semanas. Hay varios tipos: herpetiformes, leves, graves y simples. La mayoría son simples y leves y aparecen tres o cuatro veces al año, sobre todo entre los 10 y los 20 años, y suelen durar una semana. Las menos frecuentes son las complejas y las herpetiformes. En quienes ya las han tenido, la recurrencia es más probable. Las llagas mayores son más grandes y duran más de dos semanas, y tras curar suele quedar cicatriz.
Síntomas y causas
Todavía no está claro de dónde vienen exactamente. Pueden desencadenarlas el estrés, pequeñas lesiones y determinados alimentos, como los cítricos o la fruta y la verdura ácidas: limones, naranjas, piña, manzanas, tomates y fresas. Tomar antiinflamatorios no esteroideos como el ibuprofeno también puede favorecerlas. Los cepillos ásperos, las superficies dentales afiladas, los aparatos y las prótesis flojas pueden asimismo provocarlas. Enfermedades como el lupus, la enfermedad de Behçet, la celiaquía, la colitis ulcerosa, la enfermedad de Crohn y el sida pueden manifestarse también como llagas.
El picor y la molestia son dos de los síntomas más frecuentes. Antes de que aparezca la llaga puede notarse además un hormigueo o un ardor. En casos más graves puede haber fiebre, cansancio y ganglios linfáticos inflamados.
Prevención y tratamiento
Hay dos formas de tratarlas: medicamentos de venta libre y remedios caseros. Todos ayudan a aliviar la molestia y la inflamación y a acelerar la curación. Lo más importante antes de recurrir a los remedios caseros es controlar los posibles desencadenantes.
El tratamiento puede incluir medicación oral, como el sucralfato o los corticoides orales, suplementos y el abordaje de la enfermedad de base, así como enjuagues y productos tópicos en tubo o en gel. Si aparecen con frecuencia, pueden evitarse esquivando los desencadenantes, evitando la irritación por el chicle, usando un cepillo de cerdas suaves, empleando seda dental a diario y prescindiendo de productos de higiene con laurilsulfato sódico.
Remedios caseros y hábitos: enjuáguese la boca con regularidad con agua o con bicarbonato —una cucharada en media taza de agua tibia—. Aplique varias veces al día una pequeña cantidad de magnesio. Evite de momento las comidas calientes, abrasivas y ácidas. También puede probar a poner hielo sobre la llaga. Hasta que cure, cepíllese con la mayor suavidad posible. Entre las opciones de venta libre están los colutorios antisépticos, que ayudan a reducir los gérmenes, y los geles orales para aliviar la molestia.
Es momento de acudir al dentista si la llaga no cura pese a haber probado todos estos remedios. Si un afta dura más de 14 días o incluso más, si parece empeorar, si crece de forma inusual, si nota brotes frecuentes, si con el tiempo duelen mucho o si van acompañadas de fiebre alta, acuda de inmediato. Una exploración y una detección tempranas pueden ahorrarle molestias y sufrimiento.


