Desde la consulta

Pacientes con miedo al dentista

Paciente sonriente en el sillón, con el dentista sosteniendo espejo y sonda

¿Le suena? Va aplazando la próxima cita con el dentista y al final nunca llega. ¿O ha anulado a última hora una cita ya fijada aunque no estuviera enfermo, quizá más de una vez, porque le asalta esa incomodidad ante la visita y no consigue superarla? No está en absoluto solo. Este tipo de miedos es de todo menos raro. En concreto, esa «fobia dental» afecta a alrededor de una de cada cinco personas, según un estudio. Entre el 55 y el 80 por ciento de los encuestados refiere al menos cierta inquietud. No hay motivo para avergonzarse ni siquiera de un miedo marcado. Casi nadie va con gusto al dentista ni guarda buenos recuerdos de una exploración o un tratamiento.

El verdadero problema está en otra parte: muchos pacientes no se atreven a contar sus miedos al dentista ni al personal. Les parece demasiado embarazoso y quizá temen que un profesional no lo entienda. En realidad, los dentistas y el personal conocen muy bien este fenómeno. También en nuestra consulta de Colonia, donde tratamos con éxito los miedos de nuestros pacientes. Cómo lo hacemos lo explicamos en este texto sobre los pacientes con miedo.

¿Qué significa miedo al dentista?

Las distintas denominaciones —fobia dental, fobia al dentista, miedo al dentista— significan sencillamente lo mismo: quien lo sufre teme una cita concreta o, por lo general, ya solo pensar en ella. El miedo no suele referirse al dentista como persona. Tiene que ver más bien con los instrumentos que se emplean, con las inyecciones, con el dolor que se espera, con la vergüenza por unos dientes en mal estado o con la sensación de estar indefenso en el sillón, a merced de quienes actúan. Cierto nerviosismo básico ante un tratamiento así es normal: a nadie le gusta sufrir dolor, ni siquiera temerlo.

¿Cuándo se habla de una fobia real?

El límite se alcanza cuando el paciente ya no puede superar su miedo. Las citas no se cumplen o se anulan, y los problemas dentales se ignoran incluso cuando ya duelen o suponen otras limitaciones de salud. Así, problemas en el fondo pequeños se van agrandando y, con ellos, suele crecer el miedo al tratamiento.

Motivos del miedo al dentista

Las causas pueden ser muy distintas. A menudo el desencadenante son recuerdos desagradables de tratamientos anteriores, con frecuencia de la infancia. Otras personas tienen un trastorno de ansiedad generalizada que se extiende también a la visita al dentista. Otras albergan la expectativa engañosa de que un tratamiento así siempre dolerá, lo que en la mayoría de los casos no es cierto. Algunas no distinguen bien entre la sensación de presión, inevitable en un tratamiento, y el dolor real, y llevan así su miedo a lo irreal. En cualquier caso, es muy habitual que la expectativa de dolor genere una gran tensión interior. No es raro tampoco que los padres transmitan sin querer su propio miedo a la visita al dentista a sus hijos. Entonces la cita ya viene cargada de emociones negativas antes de que los niños hayan podido hacer sus propias experiencias, normalmente mucho menos dramáticas. Otro motivo extendido es el desconocimiento de los pasos que va a haber en el tratamiento.

La filosofía de la consulta

Aquí, en nuestra consulta de Colonia, contamos con mucha experiencia en el trato con pacientes con miedo. Tras años trabajando con ellos, sabemos adaptarnos a cada persona. La confianza de nuestros pacientes nos importa mucho: por eso una atmósfera tranquila y agradable, centrada en el paciente, en la que pueda sentirse a gusto, es nuestra máxima prioridad mientras está con nosotros.

Conocernos antes de la exploración

Parte de nuestra forma de trabajar es la posibilidad de una conversación previa sin exploración. En un ambiente distendido puede construirse confianza con la consulta y con el personal. Es además la ocasión de hablar de deseos y de miedos concretos. Si lo desea, buscamos juntos el origen de su miedo y planificamos con detalle el tratamiento que pueda hacer falta, para reducir el temor que nace de no saber qué esperar. Por experiencia sabemos que esa preparación reduce de forma notable los miedos existentes.

¿Cómo prevenimos el miedo en los niños?

Somos muy conscientes de la responsabilidad particular que tienen los primeros tratamientos de una persona joven para que después no aparezca una fobia. Por eso, al tratar a pacientes muy pequeños prestamos especial atención a la empatía y a la explicación.

¿Cómo pueden ayudar los padres?

Hay varios consejos que conviene poner en práctica. El primero: no hablar en términos negativos de la próxima cita ni transmitir miedo uno mismo. El torno y la jeringa no hace falta mencionarlos de antemano, ya que con niños pequeños rara vez se emplean. En segundo lugar, tiene sentido acostumbrar al niño desde muy pequeño a acudir con regularidad. Así habrá desarrollado confianza en el dentista y en la situación antes de que puedan formarse miedos. Para distraerse y tranquilizarse, además, son muy bienvenidos los peluches o los audiocuentos.

Así que si busca una consulta en Colonia que sepa tratar a pacientes con miedo, concierte con gusto una primera conversación para conocernos.

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