
Cuando sale el sol, el mundo parece enseguida más amable y el ánimo mejora. Pasear por la playa o tomar un café en la terraza no supone ningún problema en verano. Incluso a la sombra o con el cielo cubierto, una hora al aire libre nos aporta suficiente radiación UV-B para poner en marcha la producción propia de vitamina D. Pero esa no es la única buena noticia: quien puede tomar el sol con moderación también hace algo bueno por sus dientes.
La vitamina D protege frente a la caries
La radiación UV-B contenida en la luz solar permite que se forme vitamina D en nuestro cuerpo. La vitamina D es importante para un nivel equilibrado de calcio en sangre, para unos huesos fuertes y para unos dientes sanos. Una parte puede obtenerse también con alimentos o suplementos, pero estos no sustituyen a la luz solar natural. Salvo el pescado, la mayoría de los alimentos contienen cantidades relativamente pequeñas. El efecto positivo de la vitamina D está demostrado en distintos estudios, y además fortalece el esmalte. Tanto los dientes de los niños como los de los adultos están mejor protegidos frente a la caries cuando se absorbe mucha luz UV-B y se transforma en vitamina D. También se apoya al sistema inmunitario, que así puede defenderse mejor de las bacterias dañinas, entre ellas las que provocan la caries.


