Desde la consulta

Consejos dentales para la vuelta al cole

Primer plano de la boca de un niño con huecos en los dientes de leche

A la mayoría de los niños les hace ilusión encontrar algún capricho en su fiambrera y, seamos sinceros, a muchos padres les gusta la idea de que su hijo tenga algo que le apetezca. Entre los bocadillos, el apio y la fruta puede haber también una barrita de chocolate o un yogur azucarado. Nos imaginamos lo contentos que estarán al comérselo. Pero lo que los niños comen en el colegio y cómo cuidan su higiene bucal puede influir mucho en sus dientes. Un capricho de vez en cuando no es problema, pero la frecuencia de los malos hábitos puede provocar caries y problemas a largo plazo. Aquí van algunos consejos para que los niños cuiden sus dientes en el colegio, sin dejar de ser realistas: sabemos que no todos los niños se comerían con gusto una fiambrera llena de tortitas de arroz y ensalada.

Limitar los caprichos

Es fácil acostumbrarse a meter un capricho en la fiambrera cada día, o incluso más de uno: una barrita de chocolate, un trozo de bizcocho o una bolsa de patatas. ¿Qué cree que es peor: un postre enorme y azucarado que se toma de una vez, o una bolsa de gominolas que se van comiendo toda la tarde? Lo primero será peor para la cintura, pero lo segundo, el picoteo constante de dulces, tiene mucho más potencial para dañar los dientes. Cada vez que se come azúcar y alimentos con almidón, las bacterias de la placa producen ácido, que ataca el esmalte y provoca caries. No hace falta obligar a su hijo a dejarlo de golpe, pero reducir los alimentos azucarados es un buen comienzo.

No todos los caprichos son iguales

Una barrita pequeña de chocolate con barquillo puede tener menos azúcar y grasa que un trozo de bizcocho. Y el trozo de bizcocho puede tener mucho menos azúcar que una lata de refresco de cola, por no hablar del ácido de esa bebida. Cuanto más pegajoso es el capricho, peor para los dientes, porque permanece sobre ellos y aumenta el riesgo de caries. Si aun así quiere incluir uno, puede hacerlo con menos azúcar, aunque no con el mismo sabor. Compare los ingredientes y la información nutricional e intente elegir los que estén en la parte más sana de la escala.

Piense en el relleno del bocadillo

Un bocadillo puede ser muy nutritivo —pan, buen jamón y pepino, por ejemplo— o puede ser uno relleno de mermelada espesa. Hasta el tipo de pan importa: el pan blanco tiene un contenido de azúcar muy alto, mientras que el integral o el de semillas aporta mucha fibra y es bueno para los dientes. Los niños pueden ser exigentes y quizá sienta que las opciones son limitadas, pero aun así puede asegurarse de que la mermelada no lleve azúcar añadido. Conviene señalar que los productos etiquetados como «sin azúcar» pueden contener todavía una pequeña cantidad. Con la mermelada, por ejemplo, busque productos en los que la fruta figure como primer ingrediente. Mejor aún: use fruta fresca en rodajas. A menudo los padres se esfuerzan mucho por quitar los snacks de la fiambrera, pero después incluyen bocadillos que echan a perder todo ese trabajo. Los bocadillos pueden resultar además algo aburridos: ¿ofrecen los wraps una alternativa? Una opción que nos gusta mucho son los wraps rellenos de pechuga de pollo desmenuzada, algo de queso y ensalada, que dan una fajita sana, baja en grasa y rica en proteínas. Como los elementos van separados en la fiambrera, montar el wrap resulta hasta divertido.

No todo lo «sano» es sano

La fruta es sana, el yogur es sano, así que ambos deberían ir en la fiambrera, ¿no? Quizá. La fruta fresca es sin duda sana, aunque tenga un contenido alto de azúcar natural, pero la fruta desecada suele llevar mucho más y es una auténtica destructora de dientes. Piense en ella más como un snack comparable a los dulces que como una buena fuente para las cinco raciones diarias: funciona como los caramelos pegajosos ya mencionados. El yogur también varía mucho. Un yogur natural fresco con algo de fruta es una opción excelente; uno con mucho azúcar, a menudo el que lleva un personaje de dibujos en el lateral, lo es menos. Igual que con la diferencia entre pan blanco e integral, el concepto de azúcar oculto importa: es fácil creer que ofrecemos una opción relativamente sana cuando en realidad el alimento contiene otra dosis de azúcar. Cuando los dientes entran en contacto con pequeñas cantidades de azúcar con frecuencia, la mezcla se vuelve peligrosa. Mucha frecuencia de azúcar equivale a mucho riesgo de caries.

Mantenerse hidratado

La importancia de beber suficiente no puede exagerarse, ni para la salud bucal ni para la salud en general. Anime a sus hijos a beber con regularidad, a ir bebiendo agua a lo largo del día y a beber bastante en la comida. También conviene beber después de comer, porque así se arrastran los azúcares y ácidos dañinos que pudiera haber en los alimentos. Lo que beban debería ser sano: agua o leche son lo ideal; las bebidas azucaradas con gas, un no rotundo. Si a su hijo el agua le resulta sosa, puede diluirse con zumo, pero también aquí conviene elegir uno sin azúcar.

Masticar después de comer

Masticar ayuda a mantener la boca húmeda y produce saliva, que de forma natural ayuda a evitar las bacterias y la placa. Después de comer hay una ventana breve para tomar medidas que reduzcan los efectos del azúcar y del ácido. Muchos adultos mascan chicle sin azúcar por eso, pero en el colegio quizá no esté permitido ni sea aconsejable. Otra posibilidad es planificar alimentos que haya que masticar y animar a su hijo a tomarlos al final de la comida, para aprovecharlos al máximo. El apio puede ser una buena opción, igual que muchas galletas saladas, siempre que no lleven azúcar ni grasa.

Cepillarse antes de un desayuno sano

En la rutina de la mañana conviene cepillarse antes de desayunar. No deje que los niños se enjuaguen después del cepillado, porque eso retira la capa protectora de flúor. Si se les ha olvidado cepillarse antes de comer, espere media hora tras el desayuno, o déjeles enjuagarse con un poco de agua si van con prisa.

La elección del cereal también importa

Un desayuno sano y saciante reduce la necesidad de picar y no daña los dientes. Un desayuno rico en proteínas sacia durante más tiempo. Muchos padres se preocupan por la higiene en el colegio, pero lo que ocurre antes de la puerta del centro puede ser igual de importante. Cuando hay prisa por la mañana —y la hay siempre—, el cepillado y un desayuno sano no deberían quedarse por el camino.

Los caprichos en casa

Todos lo conocemos, algunos casi a diario. El niño llega a casa —«mamá, papá, tengo hambre»— y le sugerimos que coja algo, porque estamos ocupados. Pero ¿qué coge, o qué hemos preparado nosotros? Tampoco aquí se trata de eliminar todo el placer del menú, sino de equilibrio. Los snacks azucarados se toman mejor durante las comidas, junto a otros alimentos sanos y con algo de agua para arrastrarlos, que a solas.

Dar buen ejemplo es mucho más difícil si nosotros mismos no comemos bien. Si nos ven comer dulces o una chocolatina, querrán lo mismo. Cuanto más sano comamos, menos probable será que haya cosas poco saludables en casa, y más fácil les resultará a nuestros hijos comer bien.

¿Cuáles son sus consejos?

Nos encantaría saber cómo fomenta usted una buena higiene dental en el colegio: ¿qué trucos le han funcionado?

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